Estamos en invierno. Wall Street se regocija, esperando que el cambio de estación provoque también un cambio en nuestro espíritu, nuestro compromiso: detenerlos.
No pueden ser peores. ¿No habrán oído hablar de Washington y las tropas de Valley Forge, la gran sentada del invierno de 1936/37? Históricamente siempre que llega el invierno el pueblo se vuelve más perseverante y las fuerzas diabólicas emprenden la retirada.
Todavía no hemos cumplido 12 semanas y Ocupa Wall Street ha crecido tan rápidamente, se ha vuelto tan grande, que ninguno de nosotros puede abarcar los cientos de ciudades que se han unido al movimiento, los cientos de acciones -algunas de ellas en los propios barrios simplemente, en las escuelas y en las organizaciones- que se han producido. Las charlas han cambiado irreversiblemente en el país. Ahora todo el mundo habla del 1% que se ha mandado a mudar con todo su dinero mientras el 99% lucha por llegar a fin de mes. El pueblo ya no está paralizado por la desesperación o la apatía. Muchos ya saben que ha llegado el tiempo de recuperar nuestro país de manos de los banqueros, los lobistas y sus lacayos: los miembros del Congreso de los EEUU y los legisladores de los 50 estados. Y están locos si creen que el pequeño clima de caos (conocido como el invierno del siglo XXI) que ellos contribuyeron a instalar va a detenernos.