sábado, 4 de julio de 2015

Revelaciones de Wikileaks, terremoto político saudí

Arabia Saudí

El portal de Wikileaks descodifica cientos de miles de documentos secretos de Arabia Saudí y así pone de relieve la certeza de las especulaciones de las últimas décadas sobre los planes hegemónicos de este régimen en la región de Oriente Medio.

Si bien la revelación de tales documentos de las altas autoridades saudíes por Wikileaks no es una novedad, la descalificación de unos 500 mil documentos confidenciales, que en su mayoría están relacionados con su Cancillería, ha creado un gran problema para las autoridades de la monarquía Al Saud.

Estas revelaciones suponen un terremoto político para la familia saudí. Hasta la publicación de tales documentos, Riad mantenía estrictas medidas para que, por lo menos, la opinión pública interna no estuviera al tanto de lo que acontece tanto en el país como en la región, debido a las estrategias del régimen. No obstante, en la era de la globalización, las cosas están cambiando y nadie puede ocultar ni impedir que otros sepan lo que sucede en el mundo, una realidad de lo que todos somos testigos y los saudíes, mediante las redes sociales, pueden conseguir la información que necesitan. Es por esta razón que la Cancillería saudí llamó a sus ciudadanos a no atender ni dar seguimiento a tales datos.

“Conviene evitar el acceso a cualquier sitio web sobre documentos filtrados, o con información que pudiera ser incorrecta, con la intención de dañar la seguridad nacional”.

Aunque no hay una certeza total acerca de la fiabilidad de los documentos, la política exterior saudí, al menos en la última década, nos impulsa a creer que sí se puede confiar en gran parte de estos datos.

En este sentido, Julian Assange, mediante un comunicado, declaró: “Los documentos filtrados han revelado la naturaleza de un dictador imprevisible que, además de cortar la cabeza de cien personas durante el año en curso, se ha convertido en una amenaza para sus vecinos”.



Esa amplia revelación de los documentos, además, ha puesto de manifiesto las políticas saudíes hacia Teherán y Oriente Medio. Después de la Revolución Islámica de Irán en 1979, Arabia Saudí ha intentado contrarrestar la influencia iraní en la región, recurriendo a las potencialidades económicas, políticas y mediáticas. Lo que se refleja en las ayudas financieras de Al Saud a Irak durante los ocho años de la Guerra Impuesta por ese país contra Irán.

Asimismo, los documentos revelan que esa enemistad aún persiste y los regímenes de Al Saud y el régimen de Israel, en los últimos años, han lanzado una amplia campaña contra Irán en la región, convirtiéndose son los principales opositores de un acuerdo nuclear entre con el Grupo 5+1, ya que lo consideran un paso importante para una mayor interacción de Teherán con el mundo.

El rol destructor saudí no se limita a sus planes antiraníes; los documentos ponen de relieve la directa implicación de Riad en la creación y apoyo a los grupos terroristas. De esa forma y teniendo en cuenta los devastadores conflictos en la región, es decir en Irak, Siria, El Líbano, Libia, entre otros, se puede calificar a Arabia Saudí como el bastión de los problemas y los sufrimientos de los pueblos de Oriente Medio.

“El padrino” se une al enemigo

De acuerdo con el portal Wikileaks, ya los enemigos del pasado se han convertido en amigos íntimos; una gran derrota política para Riad. De hecho, Al Saud es considerado el padrino de los pueblos árabes, y estos han sufrido grandes derrotas ante el régimen israelí en diferentes guerras desde 1948, por lo que, ahora, esa cercanía cuestiona el supuesto liderazgo saudí entre los países árabes. Hace unos días, la agencia estadounidense de noticias Bloomberg publicó un informe que ratifica las palabras de Wikileaks al respecto. Reveló que durante una conferencia organizada por el Consejo para las Relaciones Exteriores de Estados Unidos, los representantes israelíes y saudíes reconocieron que, desde inicios de 2014, han mantenido cinco reuniones de alto nivel.

Incluso, otros informes sacaron a la luz que Riad fue el que brindó ayuda financiera al régimen de Israel en su invasión a la Franja de Gaza en 2014 y, ahora, se ven los cazas israelíes en la guerra saudí contra Yemen. De todos modos, Riad se ha unido al enemigo de aquellos árabes que lo consideran su padrino y les está bombardeando.

Con todo esto, hay que decir que la revelación de Wikileaks ha tenido un impacto negativo para Al Saud. Para los pueblos árabes de la región y los países musulmanes, pese a sus esfuerzos para mostrarse como un líder islámico, Riad ha tenido un rol destructor en el mundo musulmán y, tras la publicación de tales documentos confidenciales, junto a su cercanía con el régimen de Israel y los grupos terroristas takfiríes, parece que “el padrino” está perdiendo su posición privilegiada.

Lo lamentable es que, pese a los cuestionamientos de Amnistía Internacional y otros organismos de derechos humanos respecto a la violación de derechos humanos por este régimen y a pesar de las declaraciones de algunos Gobiernos regionales basadas en el pleno apoyo saudí a los grupos terroristas, que ha sido uno de los principales motivos del caos en la región, como también muestra el informe de Wikileaks, Arabia Saudí sigue con sus planes devastadores bajo el silencio de la ONU y sus aliados occidentales, gracias a sus petrodólares.

Al menos, la opinión pública mundial y más importante que esto, la interna, está al tanto de las cosas; la globalización ha sido una herramienta para que este régimen no pueda seguir su habitual camino y para hacer posible que la revelación total de los documentos poco a poco conduzca en una gran ola de malestar, por parte de los pueblos árabes y los mismos saudíes, al punto de que ponga en jaque a Al Saud.

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