miércoles, 10 de octubre de 2012

Las agroindustrias quieren su modelo impuesto.Denuncian embestida de agroindustrias en contra de productores tradicionales



Más de 70 por ciento de los alimentos que se consumen en el planeta son producidos con métodos tradicionales, y se han convertido en el principal objetivo de las agresiones de empresas agroindustriales trasnacionales.
Los ataques van desde el despojo de tierras hasta la destrucción de semillas nativas con transgénicos y pesticidas, asegura Chavannes Jean-Baptiste, integrante del Movimiento Campesino de Papaye, creado hace 40 años en Haití, desde donde se convirtió en fundador de La Vía Campesina y representante de agricultores de los países del Caribe.
Lo peor de esa embestida de las grandes empresas agroindustriales es el apoyo que reciben de los gobiernos, ya que, sostiene Chavannes Jean-Baptiste, esas firmas obtienen desde millonarios subsidios para operar hasta el impulso y la promoción de sus proyectos de economía verde, con los que se disfrazan sus objetivos de acaparar los recursos naturales, sobre todo tierra y agua, despojando a los campesinos.
“Hay un proceso de colonización del campo con los proyectos de producción de agrocombustibles o de los bonos de carbono promovidos por la ‘economía verde’. La agricultura o agroecología campesina está en peligro por las multinacionales y sus productos agro-tóxicos, como semillas transgénicas y pesticidas, ya que son responsables de más de 50 por ciento de la producción de los gases de efecto invernadero.
Además de estar destruyendo el planeta, la agroindustria no ha podido generar alimentos suficientes para los más de 7 mil millones de habitantes del planeta, así que hay que volver al modelo de agricultura campesina, comenta Chavannes Jean-Baptiste a La Jornada.

–Gobiernos y organismos multilaterales argumentan que los campesinos deben incorporarse a los procesos de industrialización para aumentar la productividad y competitividad, y que la apertura comercial favorece a los consumidores porque obtienen productos más baratos. ¿Qué responde al respecto?
–Eso es un argumento ideológico. Hay diversos estudios e investigaciones, entre ellos uno de Oliver de Schutter, relator especial de la Organización de Naciones Unidas (ONU) sobre el derecho a la alimentación, que demuestran que la agricultura campesina (también llamada agroecología o agricultura familiar) puede producir sola alimentos suficientes para todo el mundo, con semillas nativas y el uso de abonos y pesticidas naturales. Al mismo tiempo sirve para enfriar el planeta y combatir así el cambio climático.
Es la única vía, insiste, en que se puede alcanzar la soberanía alimentaria porque los 2 mil 800 millones de campesinos que aún existen en el mundo tienen el control de lo que comen, dado que es para autoconsumo la mayoría de lo que producen, principalmente con métodos tradicionales y de forma familiar. Ese ejemplo, dice, debe extenderse en cada país junto con el desarrollo de relaciones directas entre grupos de productores y consumidores, que es lo que trabajamos en La Vía Campesina.
Admite sin embargo que actualmente la situación de los campesinos y pequeños productores es muy mala.
Basta recordar que 75 por ciento de los habitantes más pobres del mundo viven en el campo y ni siquiera se ha logrado reducir el número de personas que padecen hambre en el planeta. Refiere que a la fecha hay mil 600 millones de hambrientos, lo que implica un incremento de 90 por ciento respecto a los 840 millones que existían en 1990, cuando la ONU propuso, como uno de los Objetivos del Milenio, que esa cifra se redujera a la mitad para 2015.
El problema no es de capacidad de los campesinos, sino político, por el control que el capital financiero y las trasnacionales ejercen sobre los gobiernos para desarrollar los proyectos del sistema neoliberal que cada día demuestra que sólo produce hambrientos y más pobres.
Abundan las historias de países que hasta hace unos años eran autosuficientes en la producción de sus alimentos básicos y ahora tienen que importar la mayoría. Es el caso de mi país, Haití, que tenía sobreproducción de arroz y otros productos, pero ahora tenemos que importarlos.

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