viernes, 15 de julio de 2011

Los talibanes asestan un golpe devastador a la OTAN

Pepe Escobar.- Los manipuladores de información de Washington a Bruselas y Kabul pasarán muchas noches sin dormir. La opinión pública mundial ha sido incansablemente horrorizada y sobrecogida por la quimera de que EE.UU. y la OTAN están “ganando” la guerra combinada AfPak.
Veamos los hechos en el terreno. Inmediatamente después de que el gobierno de EE.UU. decidió “suspender” 800 millones de dólares de ayuda al ejército paquistaní, el ministro de defensa de Pakistán, Ahmed Mukhtar, declaró al canal local Express TV: “Si todo se pone difícil, retiraremos todas nuestras fuerzas”, sugiriendo que no habrá más soldados de Islamabad para combatir a las guerrillas de mayoría pastún en las áreas tribales.
Mukhtar no podía haber sido más explícito: “Si los estadounidenses se niegan a darnos dinero, bueno… No podemos permitirnos que los soldados estén en las montañas durante un período tan largo”.


Esto muestra gráficamente, una vez más, que el ejército paquistaní está participando –a disgusto– en el juego de contraterrorismo/contrainsurgencia de Washington en las áreas tribales. Por mucho que Islamabad tema al nacionalismo pastún, el ejército sabe que debe proceder con extrema cautela, de otra manera enfrentará una masiva rebelión tribal pastuna que plantearía el supremo tabú: la consolidación de "Pastunistán", que despedazaría al Pakistán que conocemos.
Señor de la guerra derribado
Y luego el presidente Hamid Karzai, la marioneta que apenas controla su propio trono en Kabul, según dicen en el lugar, dijo en una conferencia de prensa conjunta con el liberador de Libia visitante, el neo-napoleónico presidente francés Nicolas Sarkozy:
“Dentro de las casas de los afganos, hemos sufrido el mismo tipo de dolor. Y nuestra esperanza es que, si Dios lo quiere, haya un final del dolor y el sufrimiento del pueblo afgano y se instauren la paz y la seguridad.”
Se puede decir que no hay muchos afganos que sentirán “el mismo tipo de dolor” por el asesinato de Ahmad Wali Karzai, hermanastro del presidente, importante narcotraficante, elemento en la nómina de la CIA y máximo traficante de influencias en Kandahar como jefe del consejo provincial de Kandahar.
Ya que es posible que los talibanes controlen realmente hasta un 70% del país, el asesinato es un golpe inestimable, y el portavoz de los talibanes Usuf Ahmadi reivindicó debidamente la responsabilidad: “Es uno de nuestros máximos logros desde el comienzo de la operación de primavera. Asignamos recientemente a Sardar Mohammad para que lo matara y Sardar Mohammad también llegó a ser un mártir.”
Una contra-manipulación noticiosa en Kandahar dice que Sardar Mohammad, comandante de confianza de Karzai, de la misma tribu Popolzai, mató a Ahmed Wali de dos tiros en la cabeza, “por drogas” y por motivos personales.
En todo caso, los talibanes ya están ganando la guerra de relaciones públicas. Desde la primavera de 2010, los talibanes han logrado matar al jefe provincial de policía de Kandahar, al vicegobernador, al jefe de distrito de Arghandab y al vicealcalde de la ciudad de Kandahar.
Ahora se libraron del principal protagonista favorable a Washington, no solo en Kandahar sino en todo el sur de Afganistán, donde la OTAN ha estado involucrada masivamente para aplastar a los talibanes en su hogar espiritual y terreno preferido. El asesinato destroza la narrativa de que “la OTAN está ganando”.
El rey de Kandahar
Pasé una larga tarde con Ahmad Wali en Quetta, la capital de la provincia Baluchistán en Pakistán, cuando EE.UU. estaba bombardeando a los talibanes en el otoño de 2001, semanas antes de que él y su hermanastro pasaran de ser “vendedores de kebab” (dice la calle) a personajes influyentes.
Entonces Ahmad Wali ya era un activo de la CIA –ocupada lanzando en paracaídas a Hamid Karzai a Afganistán– y un importante contrabandista de opio, por no mencionar que además era líder tribal y una personalidad mucho más enérgica que su hermanastro.
Durante los años 2000, mantuvo todos esos roles, así como el de propietario de hoteles, bienes raíces e incluso un concesionario de Toyota, pero sobre todo esforzándose por “contener” Kandahar, que siempre estuvo fuertemente "talibanizada", como comandante de la Fuerza de Ataque Kandahar, un duro grupo paramilitar privado que ayuda a las Fuerzas Especiales de EE.UU. y a la CIA en asesinatos selectivos de altos comandantes talibanes.
Era el gobernador de facto, conocido generalmente como “rey de Kandahar”, mucho más poderoso que el gobernador y el desdentado consejo provincial.
La lección que tayikos, uzbekos, hazaras y pastunes seculares aprenden de su asesinato es que el gobierno de Karzai es un simulacro (bueno, la mayoría de los afganos ya lo sabía), incapaz de proteger incluso al más poderoso de los Karzai. En cuanto a la ficción de que la OTAN está en proceso de conquistar los corazones y las mentes de los afganos y logrando que se enamoren del gobierno central de Kabul, pueden tratar de engañar con algo semejante a una roca en el Hindu Kush.
Basta de hablar de que la OTAN “gana” en Afganistán. Y en cuanto a que EE.UU. está “ganando” en las áreas tribales de Pakistán, basta con ver lo que piensan el poderoso jefe del estado mayor del ejército, general Ashfaq Parvez Kiani –un favorito del Pentágono– y el jefe del directorado de Inteligencia Inter-Servicios (ISI), el teniente general Ahmed Shuja Pasha. A través de sus acólitos dicen que pueden arreglárselas sin los 800 millones de dólares “suspendidos” por Washington, o pedir cualquier cosa que necesiten a China, su “amiga de siempre”.
Según el portavoz del Pentágono, el coronel David Lapan, Islamabad puede recibir los 800 millones de dólares si emite muchas más visas, en particular para espías estadounidenses, y restablece el entrenamiento generalizado de paquistaníes en contraterrorismo y contrainsurgencia. Islamabad –que ya encara una guerra de drones estadounidenses en las áreas tribales– no muestra interés.
El “ganador” en este caso es realmente al-Qaida, que ha utilizado a los talibanes paquistaníes en una confrontación con el ejército paquistaní en las áreas tribales como una táctica de distracción, mientras conspira para expandir su agenda basada en el califato hacia Asia Central.
Pero,esperad un poco, ¿no iba “ganando” EE.UU. contra al-Qaida? Es lo que el general David Petraeus –que ahora pasa de máximo comandante en Afganistán a jefe de la CIA– ha estado contando: “Se ha hecho un daño enorme a al-Qaida en las Áreas Tribales bajo Administración Federal… y representa la perspectiva de una derrota realmente estratégica” de al-Qaida.
Bueno, no realmente. A menos que destruyan a fondo las áreas tribales.
Pepe Escobar es autor de “ Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War ” (Nimble Books, 2007) y “ Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge”. Su último libro es “ Obama does Globalistan ” (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo.com .
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